miércoles, 28 de diciembre de 2016

Felices fiestas...

Hoy en plenas fiestas navideñas, he preparado algo diferente, como dicen que una imagen vale más que mil palabras, no voy a decirte nada, no voy a preguntarte, te dejo solo con este vídeo que he preparado para vosotros y juzgad ustedes mismos...

domingo, 25 de diciembre de 2016

Mensaje de Navidad

La navidad es la época del año donde se celebra el nacimiento del niño Jesús, Dios hecho carne en este mundo. Aunque según los exegetas, la fecha del nacimiento concuerda con la época final del verano, pues es cuando coincide con el embarazo de la prima Isabel y los oficios de su esposo Zacarías, como también, la realización del censo romano, que obligó a María y a José viajar desde Nazaret a Belén de Judá, de donde según la profecía, vendría el mesías, el libertador. ¿Entonces, por qué se celebra en diciembre?, pues una de las teorías más comentadas, es que anteriormente, hace muchos siglos atrás, en este veinticinco de diciembre, se celebraba en otras culturas la llegada del solsticio de invierno, el nacimiento del dios Sol, que centurias más tarde la iglesia católica, reformó para eliminar estas fiestas paganas y a cambio, situar la Natividad, como manera de convertir a los gentiles.

Dicho esto un poco como introducción, el tiempo de Navidad es realmente especial, porque no deja a nadie indiferente, unos la quieren con locura y otros la detestan. La verdad es que yo comparto las dos posturas, a mí realmente me trae buenos recuerdos, las calles visten de luces, y se respira ilusión, sobre todo la de los niños; se dice que hay que ser mejores, y hay asociaciones y organizaciones que aprovechan este espíritu navideño, para recaudar más dinero y alimentos para los más necesitados, algo que es más que necesario. 

La otra cara de la moneda, opina que es una época muy hipócrita, porque parece que solo hay que ayudar en este tiempo, y el resto del año a los más necesitados "que les den"; y es verdad, que también se ve un ambiente muy superfluo, que el comercio aprovecha, para vender, vender y vender, como resultado final, el sentido de la Navidad se pierde por completo. Otros, pues no le gustan estas fechas porque recuerdan a familiares que fallecieron y la nostalgia hace muy duro, poder disfrutar de estas fiestas tan hogareñas.

Lo cierto es que si nos quedamos con el mensaje de la Navidad, que dice que Dios se encarnó humildemente, entre los más pobres, para señalar lo importante, y que cuando creciera, enseñaría un mensaje, que a mí personalmente me parece genial, y que se resume con el amor en mayúsculas. Así dice Él en las escrituras, - ...os doy un mandamiento nuevo, que os améis los unos a los otros como yo os he amado... -, y ¿cómo amó Jesús según las escrituras?, pues en nuestros males, para enseñarnos a vivir en el amor hasta la propia muerte, llegar a amar hasta al enemigo (un amor totalmente perfecto e inhumano a mi modo de ver). Hay que admitir, que el mensaje, la historia de este hombre es una maravilla y si lo hubiéramos llevado a cabo, el mundo sería todo lo contrario, de lo que es hoy en día.

Entonces, aquí viene el problema, está claro que esto no se cumple en este planeta, no lo cumple nadie, ni siquiera los creyentes, ni el mismo Papa… Cuando a uno le pisan, grita y se revuelve; no vas a permitir que te machaquen tu pie, como es normal.

Pero bueno, el tema es que este mensaje tan profundo, debe nacer de dentro de la persona, hacia afuera, esa tendría que ser la Navidad; algo que transformara al ser humano, no solo en diciembre, sino para todo el año, con un comportamiento completamente diferente. Eso es la teoría, pero la realidad es que esta fiesta está totalmente vacía, rellenamos las calles de luces, cantamos villancicos de paz y amor, gastamos mucho dinero en cenas con alimentos caros, compramos muchos regalos, aprovechamos también para viajar… pero… ¿y el mensaje de la Navidad?, ¿qué ha pasado con él?.

Los mismos pobres de siempre, deambulan por las calles muertos de hambre y frío, cientos de animales abandonados y maltratados en las calles de tu barrio, una gran necesidad y sufrimiento te rodea, siguen las guerras y los conflictos en el mundo… hay gente que se llega a pelear en los centros comerciales por un regalo, también hay un gasto enorme económico, por parte de los ayuntamientos… ¿y tú qué haces?, ¿comer gambas, pavo, jamón y muchas exquisiteces mientras ocurre esto en el mundo, en tu propia barriada?, ¿esa es tu Navidad?, a estas alturas entenderás que de mensaje... poquito, ¿verdad?.

¿Qué ha pasado con el ejemplo de Jesús?, ¿qué estás celebrando?, porque hasta el que no es creyente, se deja contagiar de esta fiesta, aunque sea solamente de una manera social, y todos nos comportamos igual; ¿qué tú no?, vale, vale, miéntete a ti mism@, a mí no engañas.

Nos encontramos con que el creyente es un hipócrita, porque hace todo lo contrario de lo que le dice e hizo su dios, ¿no?... y si no me crees... este año para Papa Noel o los Reyes Magos, en vez de comprar el IPhone 7, que vale mucho, el dinero dáselo a un pobre… o todo el que te vayas a gastar en comida, dónaselo… o bien invítalo a comer a tu casa… ¡aah!, ¿a qué no lo vas hacer?, pues entonces, como dije antes, eres un hipócrita y no me vengas predicando tu religión e intentando darme lecciones de buen samaritano; ¡vete a tu misa, reza mucho, date golpes de pecho, mira al cielo esperando un milagro y olvídate del mundo!.

Por tanto, la fiesta de Navidad, véase como una festividad religiosa o simplemente cultural y social, es muy falsa; si a nadie le faltara un plato en la mesa, si todas las personas tuvieran un techo caliente donde cobijarse, si las guerras se paralizaran, se recogieran a los animales abandonados, se le hiciera compañía a los ancianos que están solos (tirados en muchos asilos también), etc., entonces, adornemos las calles, comamos manjares, y celebremos que el mensaje de la Navidad llegó para quedarse y hacernos felices a todos, pero esto no es así, porque esta sociedad es muy egoísta, sea o no creyente.

Yo no digo que no se celebre, para nada, pero sí que seamos consecuentes con nuestros actos, y que aunque tú y yo no vamos a salvar el mundo, quizás este invierno podamos salvar alguna que otra vida, con el dinero que tenemos destinado para gastarnos en tantas tonterías; esta sociedad en donde no existen los adultos, solo niños grandes y egoístas que miran por sus intereses, y no son capaces de tener un poco de empatía hacia el sufrimiento ajeno, que miran para otro lado mientras niños y ancianos mueren de hambre y frío. 

La navidad... vergüenza para los creyentes e incongruencia para los demás.

Para finalizar os voy a contar algo que me ha ocurrido hace unos días, ahora que estamos en plenas fiestas. Pasando por el centro de mi ciudad, me fijé en un mendigo, un hombre mayor, con el pelo canoso y barbas blancas, era tarde y hacía mucho frío, estaba pidiendo algo para comer (un hombre igual al relato que publiqué el once de diciembre, ¡hasta se parecía físicamente a la persona de la foto que acompañaba la publicación!); entonces me detuve a observar, se situó frente a una de las tiendas que mejores dulces navideños venden en Huelva, la gente entraba y salía con bolsas llenas de productos caros, él les pedía una moneda con un pequeño vaso que sostenía con las manos, pero nadie le hacía caso, curiosamente la tienda se llama Los Ángeles, llama la atención.

Pero es que al otro lado de acera, hay una iglesia muy conocida en Huelva, y coincidía que los fieles venían de escuchar este mensaje de la Navidad, porque salían de misa; ninguno, al pasar a su lado le echó cuenta, parece que la comunicación con Dios les fallaba, aunque hubieran comulgado… pero es que, junto a la iglesia, hay una tienda de libros y enseres para la liturgia cristiana, que lo llevan unas monjas, tampoco los que salían de allí le echaban cuenta (y en el escaparate vendían unos belenes de más de ochenta y cuatro euros, que es bastante dinero para unas figuras de barro).

Realmente me quedé impresionado, ¡NADIE! se conmovía de pobre anciano. Porque yo, que ya no creo en estos temas, veía como ese hombre en el centro de la calle, era el verdadero mensaje hecho carne de la Navidad, para mí, era la estrella que estaba brillando con gran intensidad, en el paseo más caro del centro de la cuidad; yo veía su resplandor, era imposible no verlo, ¡y nadie se daba cuenta!, creyentes y no creyentes, todos con muchas bolsas de regalos, aturdidos bajo las luces de Navidad.

A esto me refiero respecto a todo lo que he comentado, la foto de la publicación es mía, la hice en ese momento y con una flecha blanca os he señalado al mendigo, un hombre mayor al que ya le fallaban las fuerzas. La verdad es que iba con prisa porque tenía que entrar a trabajar, pero me acerqué, le tome por el hombro y le felicité las fiestas, el hombre me miró, y me quedé impresionado, pues su mirada estaba ausente, propia de alguien que siente el desprecio de todo el mundo, la verdad es que me marcó. Por supuesto, le di dinero para que al menos esa noche no pasara hambre y espero volver a verlo, para invitarlo a un café y poder ayudarlo más.

Solo puedo decir, y me emociono al pensarlo, que ese día yo pude acercarme al mensaje que ese supuesto dios proclama; y realmente este pobre, me trasmitió todo lo que pienso hoy en día de la Navidad, o de lo que debería ser, nunca olvidaré esos ojos perdidos, vacíos y esa debilidad que nadie supo ver esa noche… espero que tuviera un sitio para guarecerse del frío…

Esto es lo que puedo decirte del mensaje de la Navidad, a lo mejor no te gusta, así que, que nadie me hable entonces de Ella, pues si eres capaz de entender su significado, no te hará falta que llegue diciembre para ayudar a los demás. Ese día solo vi desprecio y el egoísmo propio de mi especie… otra Navidad vacía… ¡qué asco!... un anciano despreciado por todos… todavía esos ojos, aún me persiguen en mi mente… ¿Feliz Navidad?... ¡venga ya!.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Libertad entre líneas

Todos somos seres de la misma especie, venimos de los homínidos y nos hacemos llamar seres humanos, nuestras diferencias entre nosotros solo son características físicas externas, como el color de la piel, los rasgos de la cara, altura, color de pelo, color de ojos, etc. Pero luego, por dentro somos exactamente iguales, con los mismos órganos, capacidad intelectual y el mismo número de cromosomas.

Un médico puede operar a un americano, igual que a un chino o a un etíope, pues somos exactamente iguales. Todos pensamos, reflexionamos, buscamos mejorar, amar y desarrollar relaciones con nuestro entorno; nos reímos en el cine, ante la misma película que se estrena en todo el mundo, lloramos cuando perdemos un ser querido, tenemos un mismo sentir y aunque unos tengan más dinero que otros, al final, la sangre sigue siendo roja en todos los cuerpos y las lágrimas saben a mar.

Ante estas evidencias, el ser humano supuestamente, no debería tener ningún problema a la hora de avanzar juntos y convivir mezclados todos entre sí. Sin embargo, desde que tenemos conocimiento, el hombre ha trazado una serie de líneas imaginarias en la tierra, grabándolas a fuego, en el corazón de las personas.

Como si fuéramos una manada de lobos o de leones, hemos defendido estos territorios con la vida y hemos creado una serie de culturas, pensado siempre que la nuestra es la mejor y rechazando las demás; siempre apoyado por la disparidad de nuestros pequeños rasgos externos que nos diferencian.

Piénsalo, de verdad, ¿tiene esto mucho sentido?...

Líneas que se mueven, y se desplazan, que se borran y de repente toman otro color, adquieren las propiedades de la bandera que las hondea. A partir de este momento comienzan los conflictos, un tira y afloja, para recuperar terrenos perdidos, para ser más grandes, para abarcar más y demostrarles a los que están detrás de esa línea, que nosotros somos mejores que ellos; y que no se pasen ni un pelo, ni pongan un pie en estas tierras, pues no les pertenecen…

No sé si eso podría tener alguna lógica hace ya algunos siglos, pero ahora, no podemos seguir escondiéndonos detrás de estos pensamientos arcaicos. Date cuenta, que somos esclavos de estas fronteras invisibles, como si dentro de ellas nos encontráramos a salvo y en el momento que ponemos nuestro cuerpo fuera de ella, todo es peligroso, es diferente y hay que estar alerta.

¿Sabes quién nos da la mejor lección de que todo esto es una invención estúpida y no tiene consistencia ninguna?, pues es la naturaleza; te aseguro que un tornado que llegara a Cuba, podría desplazarse hacia el Golfo de México, pasando por el Yucatán, subir hasta Nueva Orleans o atravesar Florida, y no pide permiso para entrar en los diferente estados, ¿dónde están ahora esas estúpidas líneas blancas?, ¿acaso el único afán en esta situación, no sería combatir la tormenta, ayudándonos los unos a los otros, por ejemplo?.

Cincelamos estas líneas en la tierra, con ganas de guerra, con odio y un afán de superioridad, ¿para demostrar qué?, ¿qué tu color de piel blanca te hace más fuerte?, ¿acaso no está latiendo mi corazón a sesenta y cinco pulsaciones, al igual que el tuyo?, ¿tus ojos rasgados te hacen superior a mí?, entonces, ¿por qué no dejamos de hacer el imbécil, y borramos estas rayas divisorias para que nuestra única identidad sea la especie humana?.

Hay que dejar de darle tanta importancia a estas fronteras y otorgárselas a las personas.

Claro, el problema entre otros, es que no podemos permitir que el tercer mundo nos invada, porque si no, el primer mundo, no disfrutaría de todos los privilegios que tiene; esto es lo que le dice, - tú ahí, en tu tierra, produciendo para mí -. Es lamentable que después de más de cinco mil años de historia, sigamos marcando el territorio y enseñando los dientes, como unos simples perros o gatos.

Muchos, no solo necesitan de estas fronteras para negocios y explotación, sino más bien, porque sienten miedo de las demás civilizaciones, del daño que les puedan infringir. Aquí como siempre la culpa la tienen los políticos y las religiones, que incitan al miedo, al odio y al racismo, invocando la selección de personas, y dividiéndolas entre buenas y malas. ¿Hasta cuándo la religión y la política destrozarán la vida del hombre?, en nuestras manos está castigar a todos estos que viven del cuento, y a costa de la muerte de millones de personas. Escucha, nosotros somos los que tenemos el poder para tomar una goma, y borrar estos estigmas que aún siguen haciéndonos tanto daño; borrar estas líneas que prohíben la entrada de las personas que buscan una vida mejor, que huyen del sufrimiento, etc. ¿Acaso no tienen derecho?, ¿quién eres tú para decidir o encarcelar a una persona entre unas líneas manchadas de sangre?.

Debido a estos acotamientos de terrenos, se producen abusos de todo tipo, pues mientras tú gozas de “libertad”, un hombre semejante a ti, en el país vecino es torturado por expresar lo que piensa. Si no hubiera fronteras no habría competencias, ni guerras por su reparto; más bien, habría que infundir un respeto global para cada persona, para cada creencia, SIEMPRE que no coarte o persiga la libertad del otro.

Un mundo sin fronteras, donde todo es posible y nuestro único horizonte sea mejorar y ayudar a los demás, sin importar de qué zona vengan o el color de su piel, pues es totalmente absurdo, es como si quisiéramos diferenciarnos por el color de las camisetas, los rojos aquí, los azules allá, los morados más adelante… aunque creo… que hasta eso, también sucede en esta sociedad enferma.

No podemos consentir seguir enjaulados en un trozo de tierra, pues a todos nos pertenece el planeta entero, y no tiene el nombre de nadie. Es una locura que sigan muriendo millones de personas por culpa de tanto muro y tanto alambre de espinos, ¡es realmente cruel!, donde todos somos partícipes de esta atrocidad consentida.

Escucha, libera tu mente, ama a las personas en su exterior y más aún en su interior, no tienes nada que temer, deja tu odio irracional de una vez y todos tus prejuicios, ¿o quieres seguir siendo un homínido de los de hace miles de años?. 

Demuéstrale al mundo, que realmente has pasado página, céntrate en lo importante, castiga al político demente y no veas líneas donde solo hay personas, iguales que tú y que yo. Todos debemos aportar a este mundo nuestra genialidad, nuestra alegría y nuestra ayuda, son derechos que tenemos que poder ejercer en cualquier lugar del mundo, para dejar la esencia que nos hace únicos pero iguales a su vez.

Yo creo en una patria universal donde la vida se extiende hasta los lugares más recónditos, una patria sin límites y sin fronteras; una patria común cuyos intereses pertenezcan a todos los habitantes de ella,  como nos pertenece el aire, la luz y el calor del sol... despierta a una nueva forma de pensar…

Deja atrás al siglo veinte con sus barbaridades y atrocidades, no dejemos que se sigan repitiendo hoy en día... ¡reacciona!, vivimos en el siglo veintiuno y eso se tiene que notar...


domingo, 18 de diciembre de 2016

Enfermedad

Sin duda es una palabra temida por todos, algo de lo que huimos y sabemos que en cualquier momento nos puede tocar a nosotros, aun así, queremos vivir sin pensar en ello, como si eso, nos librara de todo mal. Alejamos los hospitales de nuestra vista, y todo está programado en esta sociedad, para distraernos de pensamientos, que nos hagan sufrir, por la impotencia de saber que algún día, la espada de Damocles caerá sobre nuestras cabezas.

La enfermedad no es más que una alteración de la función normal de nuestro organismo o de algunas de sus partes, debido a una causa interna o externa a nosotros. Hay muchos tipos de enfermedades, y no podemos decir que haya una sola causa para cada patología, pues la mayoría de las veces, es una agrupación de circunstancias, la que generan dicha enfermedad. Por ejemplo, un infarto, no es solo debido a un factor, todo influye, como el fumar, el beber, el sedentarismo, colesterol alto, obesidad, la genética, malos hábitos de alimentación, etc., y cuanto más se sumen, más fácil es que aparezca la enfermedad.

Por eso, es tan importante, cuidar cada rutina de nuestra vida, haciéndola saludable, esto nos evitará enfermar con menor frecuencia y padecer enfermedades más severas. Claro está, hay enfermedades leves, como un resfriado, enfermedades crónicas, como una diabetes y otras graves o terminales, que al final, pueden acabar con la muerte del individuo. Aunque yo creo que nunca se está sano del todo, pues en todo momento nuestro cuerpo combate con infecciones, tumores, y síndromes que adquirimos, por muchos motivos.

Si nos ponemos a pensar, ¿cuántas personas son operadas al día?, ¿cuántas con tratamientos?, ¿cuánta gente hospitalizada?, y lo peor de todo, ¿cuántas personas desahuciadas por ser terminales o tener enfermedades raras?, ¿y personas que no tienen alcance a la sanidad?. La cifra realmente asusta… y aunque hay muchos avances, no lo estamos haciendo bien.

De todas maneras, me gustaría centrarme no en el sistema sanitario, sino más bien en la enfermedad en sí. Algo que debemos integrar dentro de nuestra vida, como natural y posible, pues nuestra existencia, no es más que un equilibrio entre momentos, en donde tenemos mejor salud y otros en los que nos encontramos enfermos. Cuando uno está aquejado de cierta patología, aunque sea muy localizada, como un dolor de cabeza, un esguince o una depresión, es todo el cuerpo el que se resiente, y no deja realizar a la persona, una vida con una rutina normal, afecta por completo al estado físico y mental.

También es verdad, que hay personas que han estado toda su vida enfermas, con muchos problemas de salud… para todas ellas, y la gente que está hospitalizada les envío un fuerte abrazo, pues también pienso en ellos.

La enfermedad y la muerte, temas totalmente tabú para el ser humano, que es algo que nos sobrepasa, y que aparte de luchar contra ella, para seguir con vida, como es normal; debemos aceptar esta condición frágil que nos impone la biología, de manera que podamos tolerar todo lo que pueda ocurrirnos mientras sigamos en este mundo. Y al igual que disfrutamos de momentos repletos de salud sin sufrir y sin quejarnos, lógicamente, también debemos comprender los momentos dolientes, como algo más de nuestra existencia. La vida, la salud, la enfermedad, la alegría o la pena, son parte de nosotros y todas tienen su función y su cometido; querer eliminar de ella, algunas piezas, es dejar el puzzle incompleto, y eso es imposible, pues entonces todo caería por su peso y nada sería viable. Pero si podemos mejorar y sobrellevar los momentos difíciles, que nos ponen a prueba de vez en cuando y rompen nuestra rutina diaria.

Porque cuando estamos malos, aprendemos a valorar muchas cosas, entendemos mejor la vida y hasta somos capaces de darnos cuenta, que no merece la pena vivir peleados o tratar mal a las personas. Que quizás, realmente estábamos equivocados, y por supuesto, querer aún más, a nuestros seres cercanos, que nos cuidan con mucha ternura y amor.

En todo esto, es necesario cambiar el concepto de ver la vida, de quitar las ciudades, las carreteras, los coches, las farolas, y todo lo que nos distrae de la realidad. Como digo muchas veces, de mirar hacia arriba y contemplar el cielo, tanto de noche, como de día; a pensar donde estamos inmersos, a sentirte parte del universo, pues estás hecho de la misma materia, y al igual, que en el cosmos que hay explosiones, colisiones y cataclismos, también en tu vida hay momentos que te doblegan y te hacen tumbarte, para que pienses en todas estas cosas.

Nadie desea estar malo, pero no le tengas miedo a la enfermedad, siempre combátela, pero sin llegar a sentir pánico por ello. Mira, todos nos vamos a morir, y a muchos de nosotros nos cogerá de improviso; por eso, si algo bueno tiene la enfermedad, es que también te prepara año a año que pasa, para poder mentalizarte, de que somos finitos y algún día llegará su consumación. 

Podrás pensar, - me lo estás pintando bonito -, a ver, esto es así, en la vida hay una reglas de juego, la primera nacer, entre medio, muchísimas otras, y la última es morir, no hay más.

Por eso, siendo plenamente consciente de todo esto, con esta perspectiva global, debemos asimilar todo lo que va pasando por nuestra vida, como algo nuestro. Somos únicos para todo, y la enfermedad aunque nunca deseada, si no podemos tratarla, al menos debemos llevarla con paz, pues aun en estas ocasiones puedes disfrutar de muchos momentos felices; La felicidad no tiene nada que ver con la salud, es un estado que las personas pueden alcanzar, cuando son capaces de equilibrar su mente, con la realidad que les ha tocado vivir. Por supuesto, mencionar que enfermedad, no es igual a muerte, pues cada vez, se curan más enfermedades, hay nuevos tratamientos y para eso, hay que sobreponerse y luchar, aunque puedas tener algo grave.

Me gustaría mencionar a Pablo Ráez, un chico de Málaga que lucha contra una leucemia, y que en vez de arrugarse en una esquina, ha sacado las ganas de vivir, ha sido capaz de integrar su enfermedad con su vida, y ha entendido que tiene mucho que luchar hasta vencer a su enfermedad. Todo un ejemplo para nosotros, que como otros muchos, una vez aceptada su afección, toman fuerzas en el sufrimiento, para impulsarse y pelear por todo lo que ama en este mundo.

No es nada fácil, Pablo eres un valiente, y con tu difusión en las redes, estás ayudando a que más personas donen médula y puedan salvarse, te deseo que pronto puedas recuperarte y seguir con tus sueños.

Y si tú también en estos momentos, estás padeciendo alguna enfermedad o la de algún familiar tuyo, te animo por muy duro que sea, a que no vivas peleado con ella; más bien, aprovecha la ocasión, para ver la vida de otra manera, pues cuando estamos sanos, no somos capaces de ver la realidad con este tipo de gafas. Como también debemos entender, que muchas veces, somos nosotros los que nos buscamos enfermar, no solo por contagio, sino por nuestros malos hábitos de vida, en la cual, sumergimos a nuestro organismo, en una serie de síndromes y síntomas, que los médicos no pueden explicar; pero que cuando cambiamos las situaciones en nuestra vida que las causan, estas desaparecen.

Por eso lo más importante de todo, es llegar a vivir en sincronía, con nuestro cuerpo, y para eso tenemos que dejar de forzarlo, con tantos excesos, esfuerzos de todo tipo y lo mismo con nuestra mente. Si no hacemos esto, más tarde que temprano, provocaremos que nuestro cuerpo decaiga. Por tanto busca el equilibrio en tu vida y no tengas tanta prisa por hacerlo todo, dale a cada cosa su tiempo. No por correr más, vivirás más o mejor, todo lo contrario.

Y recuerda, la enfermedad puede ser un obstáculo para el cuerpo, pero no para la voluntad y la capacidad de emitir buenos pensamientos y ser feliz con el tiempo que tenemos...

 Pablo Ráez

viernes, 16 de diciembre de 2016

Notificación a mis lectores

Quiero comunicarles a todos los seguidores, que me leen desde Google plus, que debido a las restricciones y normas que usa Google con sus usuarios, de manera ridícula, no podré publicar hasta el 28 de diciembre, en Google plus. Por tanto, a mis seguidores en esta red social los invito a que sigáis leyendo mis artículos desde el blog, desde el Facebook o Twitter.
Como siempre mis publicaciones son los miércoles y los domingos a las doce de la noche, hora española. Un saludo a todos.

Blog: http://pasarpagina0.blogspot.com.es/
Twitter: https://twitter.com/pasar_pagina
Facebook: https://www.facebook.com/PasarpaginaH


miércoles, 14 de diciembre de 2016

Mentiras

Se dice que todos hemos mentido alguna vez, pero aunque nos excusemos diciendo que son mentiras piadosas, la pregunta es ¿por qué lo hacemos?.

La acción de mentir, no es más que una información o una declaración de una persona, sobre algo que es falso o por lo menos de una manera parcial, también consideramos una mentira, el hecho de callarse ciertos acontecimientos u ocultar parcialmente la verdad.

Podemos decir una mentira que no daña a nadie, por el simple hecho de darnos ese placer, para agradar a alguien o también para mejorar nuestra imagen, exagerando la realidad, delante de los demás; lo que llamaríamos mentirijillas o mentiras piadosas. Por otro lado, tenemos las mentiras que se hacen con saña, con el único propósito de dañar a un individuo o un grupo de ellos.

En un lugar intermedio, tenemos la ocultación de la verdad, que puede ir desde intentar hacer un bien, como por ejemplo, el médico que no le dice a un paciente que está terminal, porque solo le quedan horas de vida y así se lo han pedido sus familiares. A realmente callarse cierta información, sabiendo conscientemente que eso perjudicará al otro, o que tal vez, nos podremos beneficiar de una situación de ventaja, respecto a los demás.

Lo que está claro es que sea como fuere, unas más malas o dañinas y otras más sanas o sin importancia, todas ellas son mentiras. Al igual que sabemos también, que la mentira hasta el día de hoy, forma parte del ser humano, y la usamos durante toda nuestra vida.

Hay un estudio, que afirma, que por cada diez minutos de conversación, hemos mentido una media de tres veces mientras hablábamos, eso, sin contar las omisiones de la verdad. Impresionante, ¿verdad?.

Pero, ¿por qué el ser humano miente?, pues al fin al cabo un niño no nace mintiendo, y con el tiempo, lo hace porque no es más que el fruto de un aprendizaje. Realmente nosotros los adultos, somos los culpables de que esta “tradición” y cultura de la mentira siga transmitiéndose de generación de en generación; mentiras como, - no te preocupes hijo, es un pinchacito, no duele -, o - a ver, abre la boca, esta es la última -, y luego vienen diez cucharadas más… y así, con pequeñas mentiras, vamos introduciéndolos en este mundo. Lo cual, los niños asumen rápidamente, que sus familiares les mienten, ellos son conscientes y no lo asocian a algo malo; tanto es así, que cuando saben que han hecho una trastada, empiezan ellos mismos a discurrir una serie de mentiras e historias propias, pero cada vez más elaboradas, todas sacadas de lo que han observado.

Entiende entonces, que si no fuera por nuestra culpa, y no practicáramos la mentira con ellos y las personas de nuestro alrededor, nunca, nunca, nunca, podrían aprender a mentir; pues no se puede aprender algo que no existe, ¿verdad?. También omitimos muchas verdades a los niños, pensando que les hacemos un bien o lo protegemos… y ya más adelante se las diremos, pero normalmente ese día nunca llega, pues a nuestros ojos nunca estarán preparados, siempre es demasiado pronto; como consecuencia, descubrirán de mala manera todas esas mentiras que le hemos omitido, y habitualmente suelen marcar a los hijos, pues es un choque brutal, entre la mentira y la realidad. En ese momento, que suele coincidir con la adolescencia, al sentirse traicionados, y encima teniendo que obedecer sin ser escuchados habitualmente, empiezan a separarse de los padres, porque han entendido, que no se pueden fiar de ellos de una manera segura; por eso pienso que es una lástima que se llegue a esto y se repita en cada generación, ¿no crees?. 

Vivimos en un mundo, donde la mentira es algo habitual, de hecho la consideramos muchas veces necesaria para seguir viviendo en “paz” en esta sociedad. De la hipocresía viene las mentiras más comunes, para quedar bien y dar una buena imagen o un gran ejemplo, por tanto aunque todas las personas mentimos, hay otras que por su “profesión” tienen que usarlas a diario, aun sabiendo que lo que dicen no es verdad; una figura muy representativa es el político, y en él se da, lo que se llama la paradoja de la mentira, pues una persona que por sistema miente u oculta información para quedar bien delante del país y los medios de comunicación, se convertiría en una fuente de verdad, pues siempre creeremos lo contrario de lo que nos diga, que será la verdad, muy curioso, sí señor. Pero lo peor de esto ¡es qué lo consentimos, aunque nos tomen el pelo!.

Así que, de una base de mentiras piadosas, vamos montando una estructura cada vez más gordas de engaños, hasta llegar a temas muy serios, pues al final mucha gente sufre por este tipo de hábitos.

Puede ser porque el político o el religioso miente, robando o asesinando, de manera que se convierte en un mal tremendo, corrompiendo todo el sistema, porque si el de arriba lo hace, ¿no lo voy a hacer yo si tengo la oportunidad?. Es alarmante porque se considera como un privilegio, teniendo incluso connotaciones positivas - si yo fuera…, si yo estuviera… -, un deseo parecido al que deseas, si te tocara la lotería, quizás; esto es más serio de lo que parece.

Por otro lado las mentiras que más nos duelen, serán en las que nos sentimos engañados o que han roto la confianza que teníamos depositada en alguien. El típico ejemplo de la infidelidad o una estafa referente a tu dinero o un producto, cuanto más cercana sea esa persona emocionalmente a nosotros, más nos dolerá; rompiendo los lazos del respeto y amor que había de por medio.

Para ir concluyendo, todos sabemos que vivimos en un mundo de mentiras, y nos parece imposible no coexistir con ellas. ¿Qué haces si pasa tu jefe, le sonríes o le dices las tres verdades arriesgándote a un despido?... la respuesta parece lógica, hay que mentir.

Pero yo no creo que esto deba ser así, de hecho demuestra que no somos realmente individuos adultos para convivir con los problemas, la sinceridad o la falta de autoestima; yo pienso que al final, es el miedo el que nos hace comportarnos de esta manera. Si queremos avanzar, necesitamos eliminar la mentira de nuestra vida, pues no sirve para nada, es absurda, lo único que crea son lastres y cadenas, pues las mentiras se hacen más gordas con el tiempo, más elaboradas, y más hay que pensarlas para que no nos pillen; porque al final, estas no se pueden controlar y por algún lado, la verdad se escapa y te deja al descubierto, con las consecuencias que luego puedas sufrir.

Por tanto, desde el respeto y la educación, es posible montar una sociedad sin mentiras, pues eso genera libertad para llegar con tu vida hasta donde quieras, y el sentimiento que experimentarás es inexplicable. La sociedad podrá avanzar a pasos agigantados, cuando los secretos dejen de esconderse, para darles solución.

Ya sabes no mientas y no te mientas, que no te hace falta, además ¿a quién crees que vas a engañar?, solo a ti, te lo aseguro; más bien práctica la aceptación de tu vida y la de los demás, y no necesitarás usar del engaño, siempre ve de frente, pues mentir es siempre un retroceso en tu progreso hacia un mundo mejor. 

La clave está en la educación de los niños, no les mientas, no los hundas en esta sociedad hipócrita, explícales solo las verdades y ellos que no son tontos, podrán elegir vivir una vida sin ataduras y pasar página en esta maldita cultura del engaño…

A partir de que comienzas con una mentira, llega la desconfianza y tu mundo se vuelve más oscuro, rompiendo valores como la sinceridad, la esperanza, la confianza, etc., pues alguien que no se fía, no es de fiar. Y recuerda, una mentira no tendría sentido si la verdad no fuera percibida como peligrosa… piénsalo.

domingo, 11 de diciembre de 2016

Un día distinto…

Otra vez vuelve a sonar el bus… y dentro de media de hora volverá a pasar el tranvía… ¡así no hay quién duerma!.

En fin, son las seis de la mañana, me voy a levantar porque es difícil conciliar el sueño, ¡otro día igual!. Siempre me pasa lo mismo, tengo la espalda reventada y vuelve a hacer demasiado frío, será mejor que me quite rápido de en medio, porque ahora pasa también el camión de la limpieza, y como estos no tienen compasión, no quiero acabar empapado, que con el tiempo que hace puedo coger una gripe o algo peor.

Así que, lo que hago siempre nada más me levanto es cambiarme de sitio y luego reponerme, porque no os podéis imaginar lo mal que te encuentras cuando duermes en la calle. Sí, soy un vagabundo, llevo ya muchos años tirado en la calle, y creo que nunca me acostumbraré a dormir a la intemperie; es imposible descansar, me levanto con dolores en todo el cuerpo, mareado, aturdido, tiritando y con la garganta caliente, siempre con la amenaza de ponerme malo, debido a la humedad que cae por la noche. Pero bueno, estoy contento, he sobrevivido hasta el amanecer, puedo darme por satisfecho.

Comienza la actividad de la ciudad, y lo que hago a continuación es guardar los cartones y las mantas que pude conseguir. Tengo un nuevo escondite, espero que no lo encuentren y me vuelvan a robar mi kit de supervivencia, esperemos... es todo lo que tengo. Sospecho que la última vez no fue otro mendigo, fue la señora que vive enfrente, en ese piso que tiene un banco en el bajo, esa mujer siempre me mira con mala cara y me vigila, ni siquiera me ha hablado nunca, pero me asesina con su mirada cada día, y ha puesto a toda la comunidad de vecinos en mi contra; tanto es así, que el señor que de vez en cuando me traía algo de comer, ya no lo hace, por lo visto lo ha amenazado con denunciarlo, no sé… ¿Qué le habré hecho yo?.

Tengo lo justo para tomarme un café, pero no me dejan entrar nunca en los bares y cafeterías, es como si mi dinero tuviera menos valor, veo las miradas de sus ojos, desprenden repulsión, porque creen que se van a contagiar de algo. Entonces tengo que desplazarme fuera del centro, casi a las afueras, para tomarlo en un pequeño kiosco donde el hombre parece amable, pero no creo que dure mucho, porque el dueño ya le echó la bronca por servirme el café, dice que no quiere a gente de mi calaña por aquí... ¿acaso me conoce?, otra humillación más… ya estoy acostumbrado.

Asoma el sol, y la gente sale de sus casas a toda prisa para ir al trabajo. Un trabajo, ¡cómo desearía poder trabajar!, la gente sueña con que le toque la lotería, yo sueño con un trabajo, de lo que sea; pero ya he desistido, nadie me quiere y con la crisis que hay ahora, menos aún; lo he intentado de todas las maneras, pero cada día me hundo más… he pedido ayuda, pero nadie me hace caso… es como si no existiera.

Me siento en el banco del parque y veo como pasa la vida, el ritmo que tiene la ciudad y no sé qué hacer, me noto un trasto tirado, no sé a dónde ir… otros pobres compran un cartón de vino, para que se pase más rápido el tiempo y la embriaguez les borre sus angustias. Yo no he llegado a eso, y el último con el que hablé, me dijo - ya llegarás, ya llegarás -, quizás tenga razón.

Cuando pasa un rato me levanto y deambulo por las calles, la gente me mira con repugnancia y se echan a un lado, como si fuera un imán, los repelo a cada lado; vuelvo al centro y allí me siento junto a una farola, para pedir dinero, a ver si hay suerte y consigo algo para almorzar.

Ya se acerca la Navidad, el alumbrado está puesto, y la gente va como loca de tienda en tienda, buscando regalos y caprichos de todo tipo. Realmente veo lo enferma que está la sociedad, y es muy triste oír como en estas fechas, hay que ser mejores personas y ayudar al prójimo, fíjate acaba de pasar un cura, y ni siquiera me ha respondido, ¿entiende este hombre lo que significa la Navidad?, bueno, tampoco me asombra, son todos iguales. La mayoría ni me miran, y el resto, lo hace con el rabillo del ojo, no sea que les atraque o les pueda contagiar no sé qué, ¡qué absurdo!.

Luces, colores, villancicos, supuesta alegría, felicidad, pero están completamente vacíos, no parecen seres humanos, qué lástima, no se dan cuenta de lo afortunados que son.

Se acerca el mediodía, y tengo mucha hambre, he conseguido tres euros solamente, al menos me dará para comprar un bocadillo y un poco de fiambre. Vuelvo a alejarme del
 centro para poder comprar en un pequeño supermercado, donde hay una cajera que no me

 mira mal, y de vez en cuando me ayuda; es una mujer muy buena, en el barrio le dicen la loca de los gatos, porque cuida a unos gatitos que están en un solar abandonados, a parte, cuida de su madre enferma, y con todo lo que tiene, sus ojos siguen brillando… parece entender lo que es la vida, pues siempre me dedica su mejor sonrisa y me da ánimos. Hoy no me ha podido ayudar, porque el encargado se ha dado cuenta que me daba la comida que caducaba en los próximos días y que siempre tiran a la basura; le ha montado un follón, aun así me ha dado un refresco, ¡es un ángel!, ojalá hubiera más personas como ella.

Mientras comía mi bocadillo, sentado en una esquina donde hace menos frío, se ha acercado Milú, es un perrillo vagabundo como yo, de color negro, el pobre está en los huesos. ¡Cómo me alegro de verte, pensé que la habías palmado amigo!, hacía una semana que no te veía, ¿quieres un poco de mi bocadillo?, ten, termínatelo tú colega, eres un buen perro y no te mereces vivir en la calle. Tienes heridas en el lomo, ya te han vuelto a pegar patadas los jóvenes del parque, lo siento mucho amigo, deja que te las limpie al menos.

Vaya… me he quedado dormido, últimamente no ando bien de salud y estos dos días atrás no he comido nada, pues por lo visto, según me dijeron una vez en urgencias, tengo piedras en el riñón y tenía mucho dolor, no podía ni levantarme. En el hospital a veces me dan una pastilla para la inflamación, pero me echan rápido de allí. Milú no está, ya se ha marchado, hace bien, pues mientras comía pasaban unas señoras diciendo que esta noche iba a caer un temporal, y a lo mejor hasta nevaba, espero que no sea así.

Voy a buscar algo para cenar en los contenedores, antes de que sea más tarde, porque si va haber tormenta, tendré que buscar algún sitio mejor si no quiero morir de frío, ya que en el albergue me quedé los tres días que te permiten dormir, eso, si alcanzas a llegar temprano, de los primeros a la cola, claro.

Han pasado las horas y no he conseguido nada para cenar, pero me preocupa más el frío, voy a buscar mis cartones y mis mantas, pero ¡no están!... seguro que ha sido la mujer de antes, porque está asomada a la ventana, ¿cómo puede tener tanta maldad?. Tengo entonces que apresurarme.

Ya son las diez de la noche, la gente termina de hacer sus compras y se marcha a casa, a un hogar donde comerán un día más y estarán calentitos. Yo no tengo hogar, nadie que me espere, no tengo nada, las calles están desiertas y me encuentro muy solo… estoy en un pequeño portal que tiene los cristales rotos, porque encontré un cajero, pero otros sin techo llegaron y me echaron; tengo demasiado frío, no tengo mantas, no dejo de temblar, creo que tengo hasta algo de fiebre, tengo hambre, no me siento bien y ha empezado a nevar. Me encuentro muy cansado, no entiendo esta vida, no comprendo porque nadie me ayuda, y llevo ya una hora llorando; estoy agotado, ¿por qué esta mala suerte?, si yo no soy mala persona, siempre he tendido una mano al que me lo ha pedido, no comprendo nada, no le importo a nadie, soy invisible al mundo, me siento una mierda. Cada vez hace más frío y lo único que pienso es poder pasar esta noche como sea, sobrevivir y llegar a ver mañana la luz del sol… tengo miedo, no sé si… esta es mi realidad, nunca hubiera pensado...

“Esta es la historia de un hombre cualquiera, desgraciadamente esa misma noche murió entre temblores por la tormenta helada, y a nadie le importó. No te voy a decir su nombre porque no te ha interesado, no voy a hablarte de su vida pasada porque tampoco te has preocupado, te apartaste de su lado cuando deambulaba por el centro de la ciudad y nunca sabremos, si tú le hubieras ayudado, si quizás, aun estaría vivo. Un vagabundo menos, ¿qué más da, verdad?, tú ya tienes bastante con tu vida; ahora cerca de tu casa hay otras historias iguales a esta, en idéntica situación, con el mismo sufrimiento…

Al menos, espero que hayas podido meterte en la piel de este hombre, y haber imaginado a través de sus ojos el desprecio y el horror de la soledad, para poder valorar una forma distinta de vivir a la tuya”.


miércoles, 7 de diciembre de 2016

Sangre

Ese tejido líquido que transporta la vida por todo nuestro cuerpo, tan maravilloso, tan preciado, que cada día es renovado y produce el milagro de la vida. Tanta belleza y generosidad guarda dentro de sí, que hasta puede ser compartida y donada para salvar a muchas personas de la muerte; es nuestro soporte vital, al que le damos a veces poca importancia porque siempre está aquí, dentro de nuestros cuerpos, fruto de la genialidad de la naturaleza, ¡estás vivo, es algo grandioso!… pero no todo es bueno, la forma de expresar esta palabra puede también consumirlo todo…

¡Sangre!... En tantos siglos y siglos de historia, ha sido derramada de una manera tan cruel y salvaje... ese oro rojo que podría formar grandes ríos y llenar océanos enteros de color púrpura, por culpa del ser humano. Aun así, la sed del hombre egoísta, el ansia de poder y la venganza ha llegado a tal extremo, que parece que todo está justificado, convivimos con ella de forma rutinaria, es aceptada como algo normal; no solo sabemos lo que ocurre, sino que comemos viéndola en la televisión, en casos reales en el telediario, y hasta disfrutamos de ella cuando vamos al cine, en algunos deportes o jugamos a ciertos videojuegos; cuanto más realista y en más cantidad, mejor.

¿Cómo el hombre ha podido llegar a esto?, piénsalo detenidamente, ¿crees qué es normal que la mente humana haya evolucionado hasta este extremo?.

La guerra entre nosotros mismos, una única especie que está continuamente peleándose, que mata a sus semejantes, y fabrica cantidad de armas para machacar una ciudad entera en pocos segundos… ¿es esto responsable?, ¿es acaso lógico en una sociedad civilizada?.

A día de hoy, hay al menos doce guerras y conflictos de gran importancia en el mundo, y más de 30 guerras o conflictos “menores”, más otros que no conocemos, y en todos están muriendo cientos de personas diariamente, millones al año. Personas como tú y como yo, que tenían su vida, su trabajo, su casa, sus hijos… y en un momento, todo destruido, el suelo teñido de sangre y cientos de vidas rotas sin sentido, se quedan sin nada; niños que no conocen otra cosa que el dolor y la violencia, ¿qué les vas a pedir?, escucha, ¡niños sin infancia, sin familia, sin esperanza, con armas en las manos, secuestrados, violados!, ¡cuánto dolor… cuánta desgracia!. ¿Dónde está la raza suprema?.


Ubicación de los conflictos activos alrededor del mundo, junio de 2016.

     Grandes guerras, más de 10.000 muertes al año.     Guerras y conflictos, 1.000–9.999 muertes al año.     Pequeños conflictos, 100-999 muertes al año.     Escaramuzas y enfrentamientos, menos de 100 muertes al año.

Mientras lees esto, tú estás tranquil@ en casa o en la calle, lejos del peligro, con unos hijos que reciben mucho amor y una educación, sus vidas tienen esperanza, y cuando sean mayores podrán elegir, lo que quieren llegar a ser. ¿Esto es justo?, ¿son acaso tus hijos mejores que los niños de Siria, El Sahara o Ucrania?.

Nuestros países venden armas a estos estados para ganar un dinero manchado de sangre, de vidas perdidas. Mi país, España, es el séptimo país del mundo que más armas exporta, con un valor de más de 3700 millones de euros, todos destinados a matar a personas, a verter más sangre en el suelo de nuestro bendito planeta. Y la cifra sigue aumentando, la nueva ministra de defensa María Dolores de Cospedal, una mujer cristiana católica practicante, que sale en hermandades por la calle, dijo que no va dejar de vender todo este tipo de armamento; muy bien señora Cospedal, es usted un digno ejemplo para el mundo, para mi nación, para los cristianos y para todos los que sufren la agonía de la guerra y la muerte. No tiene usted vergüenza ninguna, su desprecio ante la vida es total.

Pero todos estos ministros están tranquilos, porque esto se disfraza con el nombre de Ministerio de Defensa; ¿defensa?, una odiosa hipocresía, ¿cuándo le vende armas a Arabia Saudí, Cuba, o Colombia, es para defender nuestro país?, yo creo que no, más bien es para ganar un maldito beneficio a cambio de vidas humanas.

Nuestras manos están manchadas de sangre, pues parte de nuestros impuestos están destinados a asesinar, que es lo más denigrante que puede llegar a cometer el hombre. Seguimos permitiendo que nuestros gobiernos, sin que nos enteremos o sin querer enterarnos, generen estas guerras, las mantengan y cuando ya no hay más tajada que sacar, entonces ya interviene la ONU u otras organizaciones, enarbolando la bandera de la paz, ¡menuda sarta de hipócritas y criminales!.

Y para colmo, cuando llegan ríos de refugiados por su culpa, arriesgando su vida porque la muerte le pisa los talones, no se les atiende. Como si fueran basura, se les retiene en nuestras fronteras, para que mueran como desechos, al fin al cabo son daños colaterales de sus negocios sucios; siento vergüenza de mi Europa. 

¡Qué pena!, si todo ese dinero se destinara a salvar vidas, para alimentar a tantas personas hambrientas, enfermas, necesitadas… además, que no tienes que buscar lejos, en el piso de enfrente, seguro que hay familias pasando una necesidad real, pero… no quieren, no quieres.

Cuando llegan las elecciones seguimos consintiendo estas aberraciones votando siempre a los mismos.

Al igual que las guerras y conflictos de tipo religioso, que elevan a la máxima expresión la estupidez del hombre, por creer de ciertos charlatanes cobardes, que hay que luchar por dios, vamos, un mono es más listo que estos "creyentes". Se cometen aberraciones de todo tipo, como la persecución de la homosexualidad, la ablación en las mujeres, las bodas concertadas con niñas, lapidaciones, inmolaciones, violaciones, sacrificios de animales, maltratos, asesinatos y una gran cantidad de perversiones, que se consuman a diario en el mundo entero, por culpa de la obediencia ciega a estas malditas religiones y sectas, que en nombre de dios, riegan las calles con nuestra maravillosa sangre.  

Deseo de verdad, que nunca te tengas que ver en una situación de guerra, que ninguna bala te atraviese el cuerpo o el de un familiar tuyo, que su sangre no manche tu cuerpo, o el suelo de tu querida ciudad, de tu amado pueblo y el grito de la desesperación no llame a tu puerta, si es que tu casa no ha quedado reducida a escombros. Me gustaría que te pusieras por un momento en el lugar de estas personas, para que cuando las veas en la televisión, no las juzgues a la ligera, y date cuenta de que la culpa es tuya, de todos nosotros.

Mira, observa... la sangre sigue cayendo... gota a gota... cada segundo... y con ella la vida se nubla, uno a uno todo se vuelve oscuro… y al final solo se escucha el llanto y el sufrimiento del que ha sobrevivido. Con cada gota le han robado su felicidad y las ganas de vivir; de nosotros depende parar esto, y con una transfusión, inyectarle en vena nuestra propia sangre, toda la que ha perdido… para que vuelva a sentir y vuelva a dibujarse en su rostro la imagen de un ser humano, la misma que le hemos destrozado…

domingo, 4 de diciembre de 2016

¿En qué te he fallado?

Pienso… medito… y no puedo llegar a comprender mi niñ@, ¿en qué te he fallado?. Siempre he estado ahí para ti, solo he mirado por tus ojos, ni un solo día he dejado de vigilarte para poder protegerte, para que no te faltara de nada.

Te he dado todo lo que tengo amor mío, nunca me he reservado nada, mi pensamiento siempre ha sido puro y aunque me has traicionado tantas veces, yo he seguido ahí, a tu lado, para servirte.

Te quiero con locura, y deseo que tú hagas lo mismo, sin embargo ¿por qué conspiras contra mí?...

Lo primero que hiciste al nacer, fue ver la luz, yo fui quién con gran alegría te la obsequié, para que vieras la cantidad de cosas maravillosas que hay a tu alrededor; y sin embargo tú…

Lo siguiente fue llenar tus pulmones de aire para que pudieras respirar, también eso fue cosa mía, mi cielo, un regalo de mi parte, para que pudieras oler tantos aromas; pero tú en cambio…

Te concedí una gran familia, unos padres y hermanos que te dieron mucho amor, y el mío, te llegaba a través de ellos, ¡cuánto te amaba mi pequeñ@!; ni siquiera por eso…

Creciste fuerte y san@, porque yo te alimenté, con toda clase de especies vegetales y animales, que puse ante ti; seguías sin acordarte de mí…

Siendo adulto, con todo mi amor, te regalé la capacidad de razonar y obtener sabiduría; pero solo tomaste lo que te interesó…

También te obsequié con una pareja, y con dos hijos; creí que entonces, vida mía, empezarías a apreciarme realmente… tampoco…

¿No te he dado tantas cosas buenas?, entonces dime, ¿en qué te he fallado?...

A estas alturas ¿aún no sabes quién soy?, quizás debería quitarte todo lo que tienes, porque es gracias a mí. Me he llevado toda la vida, por amor hacia ti dándote dones, y ni siquiera has tenido un gesto de cariño conmigo, ¿por qué eres así?...

Te di el aire para respirar, para vivir, y tú lo estás contaminado cada día. Te doné el agua, mi elemento más preciado para tu supervivencia, pero cada día la desaprovechas y la envenenas. Al igual que el alimento, todos los animales y plantas a tu disposición, pero ni siquiera los tratas con respeto, los abandonas y los matas de una manera impropia de ti. 

Te he dado estas cosas y tú… y tú me estás ahogando cada día un poco más.

Te otorgué toda mi tierra, la capacidad de volar incluso y navegar por los mares, pero tú, lo has manchado todo, lo estás destrozando cada vez más rápido… dime ¿en qué te he fallado?, no lo puedo entender, vida.

Y en mi mayor devoción por ti, te regalé el secreto más grande que tengo, recogido del mismo centro del universo, el amor; tenía miedo pues con él podías llegar a herirme de verdad; y tú lo has usado a conveniencia tuya y nunca has tenido compasión de nadie, por eso dentro mí claman voces de necesidad... ya no puedo seguir escuchándolas más, duelen demasiado. Gritos de hambre, por enfermedad, muerte, violencia… ¡son tus hermanos!, ¿qué has hecho?, no has sabido compartir todo lo que te di; no quisiste usar la caridad, la piedad y la misericordia que emanan, del amor que tanto te regalé.

Te di el saber y la inteligencia, te dejé explorar la inmensidad del cosmos y te obsequié con tantas noches estrelladas, esperando tu respuesta... pero decidiste aprovecharte de mí por completo hasta destruirme, y ahora sé que lo conseguirás del todo. Mi naturaleza es quererte, como una madre quiere a su hijo y antes de que me extermines, mi amor, te pregunto por última vez... ¿en qué te he fallado para que me trates así?...